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Una boda soñada merece celebrarse en un lugar de ensueño, y Ibiza ofrece algunos de los lugares para casarse más emblemáticos del Mediterráneo: desde clubs de playa hasta fincas escondidas en el interior. La elección correcta depende de tres factores que conviene fijar antes de visitar ningún sitio: el número de invitados, la época del año (la temporada alta, de junio a septiembre, obliga a reservar con 8-12 meses de antelación) y el estilo de celebración que buscáis, más formal o más relajado.
La gran ventaja de un hotel o restaurante es que todo está bajo un mismo techo: catering, personal de sala, a veces incluso alojamiento para los invitados que vienen de fuera. Suelen manejar aforos desde 50 hasta 300 personas, dependiendo del salón, lo que los hace la opción más flexible si el número de invitados aún no está cerrado del todo.
Entre las alternativas más recomendadas en la isla están Ibiza Gran Hotel (salones interiores con capacidad para grandes celebraciones), La Escollera (frente al mar, ambiente más informal), Aguas de Ibiza (terrazas con vistas a Talamanca), Hard Rock Hotel Ibiza (para quien busca un punto más «show») y el restaurante Amante, con una de las ubicaciones más fotografiadas de la isla, en la cala de Sol d’en Serra.
Muchas parejas aprovechan los días previos a la boda para organizar una jornada en barco con los invitados que llegan antes — una forma de que el grupo se conozca en un ambiente relajado antes del día grande.

Las fincas de agroturismo son la opción preferida para bodas de estilo rústico, normalmente con aforos más reducidos, entre 40 y 150 invitados. A diferencia de los hoteles, casi ninguna cuenta con cocina propia, así que hay que sumar el coste de un catering externo a la ecuación desde el primer presupuesto.
La otra cara de la moneda es el horario: si la finca no incluye alojamiento, la celebración suele tener que terminar sobre la 1 o 2 de la madrugada por normativa de ruido en zona rural, algo que conviene preguntar antes de cerrar la reserva. Entre las opciones más buscadas están Hacienda Na Xamena, Ca Na Xica, y los agroturismos Atzaró y Sa Talaia, todos con más de una década de experiencia organizando bodas.
Para las sesiones de fotos, muchas parejas combinan el paisaje de la finca con una salida en barco al atardecer el día antes de la boda — el contraste entre el interior verde de la isla y el mar suele dar las imágenes más buscadas por los fotógrafos locales.
Las villas privadas son la opción con más exclusividad y personalización: al alquilarla entera, la pareja decide la disposición del espacio, el horario y hasta el menú sin las restricciones de un local comercial. Suelen ser más pequeñas que fincas y hoteles — entre 20 y 80 invitados es lo habitual — lo que las hace ideales para bodas íntimas.
El precio varía mucho según la vista: una villa con acceso directo a cala puede costar el doble que una equivalente en el interior. Casi todas piden un depósito de garantía (habitualmente entre 1.000 y 3.000€ según el tamaño) para cubrir posibles daños durante el evento. Para las villas sin acceso rodado directo a la playa, un traslado en barco para los invitados suele ser más rápido y vistoso que el transporte por carretera, y funciona bien como detalle sorpresa a la llegada.
