¿Qué ver en la Casa Broner?

Este pequeño espacio constituye una de las muestras más representativas de la arquitectura ibicenca moderna. Conserva el trazado original ideado por su primer propietario Erwin Broner, aunque fue reformada antes de su reapertura como centro cultural. Más en profundidad, la casa-museo es el lugar elegido por muchos turistas para disfrutar del arte y la cultura de la mayor de las Pitiusas en un marco y un entorno de ensueño. En el año 2000 fue incorporada al catálogo de Bienes de Interés Cultural en la categoría de Monumento.

Eivissa respira cultura más allá de Dalt Vila. De hecho, muy cerca de la fortaleza encontramos la Casa Broner; este pequeño y personal museo ocupa una posición privilegiada al final de paseo del puerto. A los pies del Baluarte de Santa Lucía y sobre la playa de Baix de sa Penya, la mayor parte de los ventanales de esta construcción dan a un paisaje de belleza incomparable en donde se mezclan el azul turquesa casi cristalino del Mediterráneo y el halo mágico de Formentera ondeando en el horizonte.

La Casa Broner: su historia antes de ser un museo

Esta coqueta edificación situada en el barrio de Sa Penya fue construida en la década de los 60 por el arquitecto alemán Erwin Broner. Nacido a finales del siglo XIX, fue uno de los numerosos intelectuales germanos que emigraron a Ibiza a mediados de los años 30 en su huida del régimen nazi. Aunque de manera accidental, Broner terminó enamorándose de la isla balear e integró a la perfección el estilo y el espíritu ibicencos en todas sus creaciones.
La casa en la que residió hasta su fallecimiento junto a su tercera esposa Gisela es solo una muestra más de esta peculiar relación germano-mediterránea. Los Broner decidieron levantar su hogar en el corazón de la ciudad de Eivissa, en la zona Sa Penya (barrio de pescadores), e integrar en la construcción detalles típicamente ibicencos: vigas de madera de sabina, muros en blanco, líneas rectas y respeto por el entorno.
Tras su periplo por EEUU y por la vieja Europa, el alemán quiso echar raíces en la mayor de las Pitiusas con esta residencia. Pero solo pudo disfrutar de la Casa Broner en Ibiza durante once años. Falleció en 1971 después de realizar grandes aportes a la ciudad con sus creaciones artísticas y arquitectónicas. Fue su viuda quien, a su muerte, cedió su hogar al Gobierno balear.

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